Tres Animales

  • Titulo: Tres Animales
  • Autor: Don Tito

Sólo un rotundo y magno “NO” se escuchó como respuesta. Francisco no se quedaría así, él era fuerte, era poderoso... ¿era o es?. La respuesta fue “NO”.
Que ironía pensar que dos letras juntas puedan hacer tanto daño. Si solo son dos letras, la “N” con la “O”, “NO”. Como decía un famoso perro antidelincuencia en la televisión. Sonó muy extraño el “NO” cuando salió de los labios de Esperanza Sepúlveda B.
Toda la vida se rescata a un “NO”, esa palabra que me lleva a lo más lejano de la filosofía. Como un pozo oscuro en el que estás inmerso y buscas formas de salir... basta de estupideces, no debo seguir pens... ¿qué dije?, debo olvidarlo.
Sé que Francisco no se quedaría así. Aperplejo con esa poderosa y fausta respuesta, se levantó de su escritorio, tomó un revolver del segundo cajón -el revolver era suyo- lanzó un disparo al aire que dio en el pecho de Esperanza. Francisco no se movía. parpadeaba de vez en cuando y sus dedos estaban totalmente contorsionados, pálidos, fríos y una catarata der sangre corría por sus cuerpos, manchando el piso alfombrado y la esquina del escritorio, herencia de su padre que era más bien un agente extraño en la vida de ambos.
Una alarmante y desesperado grito se escucha por la inmediatura, dosificando al ambiente y transformándolo en penumbra y nubes del cielo. Las paredes que hace un rato atrás eran blancas, se tornaron rojizas y negras. La única luz que existía era la que provenía de mí.
No puedo descifrar quién lanzó el boquiabierto grito, sólo lo sentí después de que por fin pude escuchar bien, a pesar de este molestoso pito en mis oídos metálicos que siempre oigo cuando avanzo.
La sangre también roja rodó por mi cuerpo frío, pero en ese momento un poco tibio, no la sentía para nada, será que mis sentidos que sienten se extinguen con el paso del tiempo, o con el paso del uso. Como saberlo si no tengo cerebro, pero tengo chispa y polvo negro.
Francisco y Esperanza cayeron al mismo tiempo y se extinguieron en el suelo. El olor a pólvora salida por mi cuerpo y el olor a sangre enfriándose salida de los cuerpos contagió las otras habitaciones de La Casona de la Esquina, en donde estaban Jaime y Clotilde. Escucharon el olor y gustaron el sonido cuando entraron a la habitación del pánico. Entraron. Se arrodillaron alrededor del cuerpo frío y sangrante y lanzaron a viva voz y como si sus almas hablasen, un “Te Amo”.
La luz, que esta vez era artificial, explotó de golpe dentro de la habitación, casi como un rayo del cielo. La puerta se abrió de par en par.
De mi no se percataron, hasta un rato después en donde unos hombres altos que parecían los porteros del cielo -aunque yo sé que no estoy muerto- me tomaron con un paño y finalmente me tiraron dentro de una bolsa... ¡JA!... Como si yo fuera una evidencia.

2 comentarios:

Pulo dijo...

mmm... no me gusto...

Octavio Aeloíza Soto dijo...

GENIAL. UNA OBRA MAESTRA DE ANTOLOGÍA